...” Es necesario de recorrer a los libros, lo cuales de arboledas saludables tienen en sí maravillosos injertos”. Así expresaba su amor a los libros SOR TERESA DE CARTAGENA. Escritora que publicó el primer ensayo en Lengua Castellana, (S. XV) Titulado: “La arboleda de los enfermos”
MI ARBOLEDA
Mi pequeña arboleda tenía un metro de altura, mueble, reciclado a estantería, por papá. Era un minúsculo jardín de palabras que asomaba detrás de una cortina floreada, mostrándome los primeros nombres y las figuraciones de las cosas.
Entre sus hojas acechaban “las damas duendes” y los aceros defendiendo a “doncellas de labor y toqueras vizcaínas”. Supe de “Los engaños del mentir” y tuve conocimiento de que “no hay vida como la honra”. Un siglo de Oro que competía con “un hombre a su nariz pegado” y las fábulas de Micifúz y Zapirón. Junto a ellos, los trazos de una “Guía del artesano” para inexpertos grafólogos. Una Ortografía práctica “podadera” para limar los yerros y adentrarme en otras historias que abriesen mis ojos.
Después vinieron a posarse en sus altas ramas, las setenta mil voces de “Rancés”, obra novísima que sirvió para jugar con los ujieres de las palabras. Una enciclopedia “Intuitiva, sintética y práctica” cuya experiencia era tan resumida que presentía lo poco que me decía y añoraba. Aún conservo aquellas semillas a las que se fueron agregando cientos de florilegiums. Viajes con el correo del zar, al centro de la tierra. Mujercita que esperaba ser escritora.
Son goces que nadie puede arrebatarme, por eso, me mortifica quienes solo miden estanterías y no establecen la propia ínsula junto a la luciérnaga del mañana.
Usted, Sor Teresa, mujer sorda, escritora en tiempo de varones. Me emociona que nos hable de la riqueza y el deleite de los libros, cuando echaba a andar la letra impresa. Se refugió en el último tramo de la libertad: el libro.
Ese objeto que permanece con sus hojas intactas entre muñecas de porcelana y pantallas que cubren el tiempo de polvo. Dicen que la tecnología olvidará el papel. ¿Hay algo más grato que ojear un libro mientras las hojas del árbol se posan en él? Ex libris, no hay nada, solo ignorancia. ******************************* R.J.M. / Abril 2011