Es la penúltima tarde de agosto,
se despide con aires de tormenta
escandalosa, derribando
árboles y sombrillas a su paso.
árboles y sombrillas a su paso.
Parece que quiera dejar recuerdo
de este domingo veraniego,
contrarresto los truenos, escuchando
las canciones de otros veranos.
Cuando se tenían quince años
e ignorabas cuántos tendría el amor
y los besos eran robados
en aquel último guateque.
Solo había una blanca palidez
contrastando con el carmín
de las mejillas ante la mirada
enamorada de los ojos miel.
Ahora sé que se agotaron
nuestras canciones del verano,
tanto han cambiado nuestras vidas
que los te quiero nos bastan.
Ha acabado la tormenta y huyo,
busco la luna llena entre las nubes,
no quiero pensar en el ayer
y menos, en la canción del mañana.
(R.J.M./30.8.15)
